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Put your hands all over me [One-shot/Parte I]

Título: Put your hands all over me // LINK A FF.NET
Fandom: The Vampire Diaries
Personajes: Damon/Bonnie
Summary: La persona que había creído que con este plan le darían una paliza a Klaus probablemente sería asesinada dentro de las siguientes horas. Y Bonnie feliz ayudaría a Damon en el cometido.
Palabras: 9.981
Advertencias: Ninguna, aunque cabe mencionar que está ubicado en algún lugar temporal después del 3x14. Esto fue escrito antes de haber visto el 3x15.
Notas: Regalo de navidad (demasiado atrasado) para carla_gray.
Dos cosas: El título viene de la canción Hands All Over de Maroon 5. Y esto simplemente es un crack!shot o algo del estilo. Aunque admito que me gustaría verlo en la serie… Después de todo, faltan parejas para variar un poco la dinámica de la historia.
Agradecimientos a dryadeh por beter el one-shot :).
Disclaimer: Nada pertenece a mí. Ya me gustaría ser productora de la serie para hacerla mejor (y mejor no hablemos de los libros).

Put your hands all over me

Bonnie tuvo que respirar varias veces antes de dar la mejor sonrisa que aquella situación requería. De por sí el hecho que un tipo que rodeaba los treinta años y que se refería a ella como la "mujer a la que la haría gritar mi nombre toda la noche" le hacían querer golpearlo hasta que se le cayeran todos los dientes. Pero tener que soportarlo con la mano de Damon acariciando la parte baja de su espalda era demasiado. Estaba segura que en estos precisos intentes su dignidad femenina se moría lenta y dolorosamente.

Por suerte la soga roja que colgaba desde fierros metálicos puestos frente a la puerta del local, fue levantada y la (asquerosa) conversación con Buck se dio por finalizada. Todos en la fila comenzaron a empujar, tratando de acelerar el proceso de entrada al club.

-¡Hey! –reclamó la chica, girándose para ver quién se había aprovechado de la situación para ponerle la mano en el trasero.

-Cuidado, imbécil –Damon le lanzó una mirada dura al hombre de atrás, aunque su voz era calmada. Mientras se acercaban al guardia que revisaba las identificaciones, removió su mano de la espalda de la joven y le sonrió-. Debes calmarte, bruja. Con esa actitud no pareces tener más de quince.

-No puedo creer que me pidas calma cuando alguien… -miró por su hombro, cerciorándose que el pervertido no estuviera remotamente cerca de ella-, me manosea.

-Por como reaccionas diría que te hace falta que te toquen más –alzó las cejas sugestivamente. Bonnie rodó los ojos-. ¿Hace cuánto terminaste con Jeremy?

Debería haber seguido su instinto y no participar de esta misión. Cuando Elijah dijo que necesitaban la ayuda de una bruja poderosa y practicante de magia oscura para poder desbaratar uno de los últimos planes de Klaus, supuso que sería algo difícil de lograr. Y ahora que lo pensaba, lo era teniendo al vampiro más arrogante e idiota de toda la faz de la tierra como compañero. Tenía que recordar que la seguridad de Elena y las caritas de cachorro de abandonado de Stefan no valían el tener que soportar a Damon toda una noche.

Ignorando la pregunta del vampiro, Bonnie abrió su pequeña cartera y buscó su identificación. Para ser falsa, lucía demasiado bien. No podía creer que Bonnie Bennett, 21 años, Estudiante de Virginia Tech. salía mejor que Bonnie Bennett, la real. Alaric debería dejar el oficio de profesor de historia y cazador de vampiros para dedicarse a sacar las fotos de las identificaciones y licencias de conducir. Le haría un gran favor al mundo.

El guardia, un hombre de piel morocha y tan alto como la mismísima puerta del local, tomó las identificaciones en completo silencio y paseó su mirada entre las tarjetas de plástico y la pareja. Después de unos segundos donde el corazón de la bruja latía ferozmente, las devolvió y los invitó a entrar.

-Ya te dije que te calmaras –volvió a sentir la mano de Damon en la parte baja de su espalda. Comenzó a empujarla suavemente para que lo acompañara-. Créeme que no luces como una adolescente de diecisiete vestida así.

Sólo en dos ocasiones Bonnie se dejaba ser la maniquí de Caroline: bailes y la noche de Halloween, así que la rubia al saber que su amiga debía aparentar tener la edad suficiente para entrar a un club, la obligó a faltar a la escuela y la mantuvo en casa en una larguísima sesión de caracterización, como lo había llamado con orgullo. Todos los reclamos de la bruja murieron rápidamente cuando vio el resultado final: con tacos altos, un ajustado y diminuto vestido negro, un largo collar metálico colgando sobre su pecho, el pelo suelto y mucho maquillaje; realmente lucía mayor. Y se asemejaba a una prostituta debutante. ("¡No pareces una puta! Te ves sexy, Bonnie. ¿O acaso crees que tu pijama de Hello Kitty te convertirá en la fantasía de todos los vampiros, hombreslobo y hechiceros del lugar?" respondió la rubia, frustrada).

A pesar que no luciera de diecisiete, igual no se sentía para nada relajada. El vestido era demasiado corto y realmente odiaba usar tacos altos, porque le hacían doler los pies. Además, ¿cómo rayos Damon esperaba que estuviera tranquila cuando su vestuario no era funcional si estallaba alguna pelea entre las criaturas sobrenaturales que se hallaban en el lugar? Klaus no necesitaría esforzarse para por fin matarla, sino que una caída mortal con esos endemoniados tacones haría el trabajo sucio por él. Y Elena sería secuestrada y usada para seguir creando híbridos. Fin.

Entraron lentamente. Estaba tan oscuro que Bonnie no podía ver nada y agradeció tener la mano de Damon guiándola. Había estado tanto tiempo rodeada de vampiros y acostumbrada a apoyarse en las mismas características físicas de su condición (rapidez), que olvidaba que también tenían otras habilidades como una aguda vista.

El club era más grande de lo que aparentaba desde afuera. Tenía dos pisos: la parte de arriba, donde estaba la entrada, tenía el bar y varios sillones donde diversos grupos de personas conversaban y reían. Desde el centro de la habitación se podía ver el piso de abajo. Damon y Bonnie caminaron hasta allá, y miraron las cabezas de las personas moviéndose locamente al son de la música y bajo las titilantes luces de colores de la pista.

No tardó en sentirlo. El cambio de ambiente; la música, las luces y el fuerte olor a tabaco en el lugar habían nublado sus sentidos, pero ahora que estaba analizando el lugar, se dio cuenta de la poderosa energía que fluía en todas direcciones y sin un inicio fijo. Comenzó a sentirse ahogada y eso la hizo entrar en un pánico momentáneo. Su magia en este lugar no valía nada.

-¿Sientes algo? –preguntó el vampiro acercándose a su oído.

Bonnie no se había percatado que estaba temblando. Comenzó a moverse con la música, tratando de controlar los escalofríos que recorría su cuerpo.

-Hay una gran energía aquí –lo miró, preocupada-. Y la mayoría no es buena.

-Brujos amantes de las artes oscuras y amigos de vampiros, hombreslobo y otras criaturas –murmuró con calma, pero Bonnie lo conocía lo bastante para saber que estaba alerta a cada persona presente-. No puedo decir que me sorprenda.

-Esto es… -se giró sobre sus talones, liberándose de la mano de Damon. Apoyó la espalda y los codos en la baranda que delimitaba el segundo piso del de abajo-, tan extraño –sus ojos se fijaron en un vampiro alimentándose de una mujer. Los dos estaban enfrascados en su acto; ella gemía y él pasaba su lengua sobre la herida en el cuello de ella. Cuando comenzaron a salir chispas de las luces cercanas a ellos, Bonnie se dio cuenta que la mujer era una bruja-. Y una aberración a la las reglas de la naturaleza.

-No son servidoras de la tierra y ni protectoras del equilibrio. Son brujas que usan su magia para divertirse –sonrió de esa forma arrogante y sabionda tan propia de él-. Y sé que no está en ti, aburrida brujita, pero esta noche debes aparentar ser como ella o Klaus nos matará a todos en menos de veinticuatro horas.

Damon empezó a caminar y después de un rato, ella lo siguió. Se dirigieron al bar.

Eclipse era el club más conocido en el círculo sobrenatural del estado de Virginia. No había ningún humano (Bonnie verificó que todas las personas que Damon apuntaba con latidos de corazón tenían magia), lo cual seguramente se debía a algún encantamiento o conjuro para no despertar su interés en el lugar. Tenía mucha fama, y no de la buena: las supuestas reglas que regían a cada ente sobrenatural no existían dentro del club. Por lo mismo Damon le había advertido desde que ambos fueron asignados compañeros en esta misión sobre lo que vería: brujas dando su sangre a vampiros, intercambios de hechizos de artes oscuras, tráfico de extrañas y peligrosas plantas para pociones, y otro sinfín de actividades que sólo se podían traducir como en una gran orgía de poderes. Pero igual no podía no sorprenderse al ver todo lo que ocurría a su alrededor. Y pensar que hacía unos días creía que Klaus enamorado de Caroline era lo más retorcido del mundo.

Cuando llegó junto al vampiro a la barra, la cantinera ya estaba destapando dos botellas de cerveza. Damon le guiñó un ojo mientras las tomaba.

-¿En serio? –preguntó, incrédula al ver que le ofrecía una-. ¿Realmente crees que es el mejor momento para beber?

-Bueno, hay que mimetizarse, ¿no? –enarcó las cejas-. No me digas que el alcohol afecta tus poderes –dijo con sorna. Bonnie lo fulminó con la mirada y él lanzó una risa-. Siempre supe que tenías debilidades, pero saber que una de ellas era el alcohol… Me pregunto qué pasa con tus poderes cuando estás borracha. Si el sexo con una bruja es increíble, ya sabes, las cosas comienzan a volar cuando estás en plena acción; entonces con una bruja borracha…

La persona que había creído que con este plan le darían una paliza a Klaus probablemente sería asesinada dentro de las siguientes horas. Con Damon solían trabajar bien, sí. El punto era que hacían un gran equipo cuando sólo estaban quince minutos realmente juntos. Se reunían a discutir el plan y a delegarse tareas, y luego cada uno hacía lo suyo y se comunicaban por mensajes de texto. Simple, práctico y sano para su salud mental. ¿Por qué debía estar en esta misión con él? ¿Por qué no Stefan o Caroline? Ambos podían canalizar la imagen de vampiro malo tan bien como Damon. Y ninguno comenzaría a hacer comentarios que la hacían reconsiderarse por qué rayos este sujeto todavía no estaba muerto. Lo que podía tener de encantador, quedaba oculto con lo molesto y desubicado que era.

Ignorándolo, tomó la botella y se la llevó a los labios. La levantó un poco, fingiendo que bebía un pequeño sorbo.

-¿Cómo averiguamos quién es Sally McFields? –inquirió, con los ojos bailando sobre la gente del lugar.

-A los negocios inmediatamente. Tan práctica como siempre, querida brujita –Damon se giró hacia la barra y llamó a la cantinera. Bonnie lo miró, curiosa-. Oye, preciosa, necesito que me ayudes en algo urgente –La cantinera era una bruja (y con gran poder, cabía destacar), por lo que no podía usar los métodos usuales para sonsacarle información, así que parecía estar tratando con técnicas humanas bastante simples: ladeo de cabeza, breve puchero seguido de una tímida sonrisa-. Algunos amigos me dijeron que podía encontrar a Sally McFields por aquí. ¿Sabes quién es?

-¿Sally McFields, la cazadora?

-La misma –asintió, entusiasmado.

Elijah había sido muy vago respecto a quién era la bruja, pero sabía que se trataba de una con una rara piedra antigua que podía hacer lo imposible: ir contra el equilibrio de la naturaleza sin consecuencias. No sabían bien exactamente qué iba a hacer Klaus con ella, pero era muy peligroso, por lo que se pusieron a averiguar inmediatamente quién podría ser la bruja. Luego de algunos días de intensa investigación, Alaric llegó con el nombre: Sally McFields, cazadora a sueldo. La mujer rápidamente había ganado fama eliminando vampiros, hombreslobo, brujas y otras criaturas cobrando grandes sumas de dinero. Los cazadores corrientes la detestaban por acaparar el trabajo y los hechiceros que sabían de ella la odiaban por no sólo practicar artes oscuras, sino que las usaba para eliminar a los de su clase sin ningún reparo. Se decía que era eficiente en su trabajo porque tenía en su poder un extraño collar con una piedra que se parecía a un diamante, pero más opaco.

La cantinera terminó de secar un vaso y lo dejó sobre la barra. Se secó las manos y dijo:

-Pues, no vas a encontrar aquí, cielo –contestó, inclinándose hacia Damon.

Bonnie rodó los ojos. ¿Alguien le podía explicar cómo alguien (precisamente una bruja) podía caer ante las baratas técnicas de seducción del mayor de los hermanos Salvatore? Al menos Damon estaba probando ser útil esta noche.

-¿Por qué no? –frunció el ceño-. Un amigo me confirmó que esta semana estaría en la ciudad.

-Supe que hoy le ofrecieron un trabajo en Los Angeles. Algo de eliminar un clan de brujas –

El vampiro movió la cabeza para encararla y ambos intercambiaron una mirada. Alaric debería haber confirmado hoy en la mañana que la cazadora estuviera en la ciudad. Sin ella en el lugar, el plan A se iba al caño.

-¿Y no hay ningún modo de contactarla? –preguntó Bonnie.

-No sé cuándo vuelve y tampoco puedo darte su número de contacto –dijo bruscamente. Le dio una lenta mirada de pies a cabeza antes de añadir:-. Sólo sus clientes lo tienen.

-Vamos, preciosa. Ayúdanos –intervino Damon, volviendo a atraer la atención de la cantinera en él. Se inclinó para quedar a pocos centímetros de su cara-. Realmente necesito comunicarme con la cazadora. Por favor.

-Si te ayudara… ¿Qué habría para mí? –alzó las cejas con una sonrisa juguetona. Bonnie abrió la boca, sorprendida por el rumbo que estaba tomando la conversación-. Nada es gratis en este mundo, cielo.

-Te daría lo que tú quieras.

Con un suspiro, Bonnie comenzó a alejarse de ellos. Seguramente Damon acabaría obteniendo la información que necesitaban, pero no quería presenciar el método por el que lo haría. Podía adivinar fácilmente qué favor le pediría la cantinera. Sus ojos lo miraban como si no hubiera comido en una semana y tuviera frente a ella un enorme plato de comida. Y conociendo la poca vergüenza del vampiro, no sería raro que se abalanzaran para tener sexo salvaje sobre la barra. Total, él lo disfrutaría y sabría cómo contactar a Sally McFields.

A pesar que la primera opción era secuestrar a la bruja y quitarle el raro collar, pronto todos decidieron que lo mejor era comprar sus servicios. Sería difícil y peligroso para cualquiera tratar de desarmar a la cazadora cuando se decía que era una experta en las artes oscuras. Stefan dijo que podían ofrecerle un cheque en blanco y que ella misma escribiera el precio que costaría no trabajar para Klaus. Con la conveniencia de tener la fortuna de los hermanos Salvatore y los contactos de los compañeros de armas de Alaric, la misión no parecía ser imposible. Lo difícil sería acercarse a la bruja. El único modo seguro de conseguirlo era reuniéndose con ella en un lugar donde ella se sintiera cómoda: un club lleno de criaturas sobrenaturales deseosas de divertirse sin importar las reglas de la naturaleza.

Si Damon no conseguía la forma de ponerse en contacto con la cazadora, entonces estarían en serios problemas. No podían esperar a que ella volviera, ya que de seguro Klaus o su séquito de híbridos hablaría antes con Sally McFields.

Miró la botella en su mano y se sintió tentada en beber, pero no lo hizo. Sus sentidos estaban en completa alerta con toda la energía que la rodeaba y si llegaba a distraerse, probablemente no saldría ilesa del club. El inmenso poder que emanaban casi todos los presentes le daba miedo. Por primera vez pertenecer a la línea de las brujas Bennett le resultaba inútil. Estaba segura que ni siquiera podría acabar de recitar un hechizo antes de estar muerta si se llegaba a enfrentar contra uno de estos hechiceros.

Alzó los ojos buscando el punto donde sentía la mayor energía: en el piso de abajo, junto a la pista de baile, un hombre estaba riendo y hablando con un pequeño grupo de personas. Debía tener poco más de treinta años y la verdad es que con una chaqueta de cuero y pantalones ajustados, se veía un poco ridículo. Para cualquier humano resultaría un tipo inofensivo que no se vestía acorde a su edad, pero para una bruja no lo era. Ése hombre parecía absorber toda la energía y amplificarla. Todo en él, su sonrisa, la mano sobre el muslo de la morena a su lado, sus ojos posándose sobre un grupo de chicas que bailaban unos metros más allá de donde él estaba; absolutamente todo la hacía sentir en presencia de un titiritero jugando con sus muñecos. Su poder rodeaba a las personas alrededor de él, como si las estuviera controlando o monitoreando sus movimientos.

Bonnie se giró, tratando de calmarse. La sola idea de enfrentarse a ese hombre la aterrorizaba, ya que estaba segura que él no la mataría, sino que usando su poder jugaría con ella hasta conseguir que ella misma pusiera fin a su vida.

Respiró profundamente varias veces, sabiendo que no podía perder el control. Necesitaba estar bien. Esta noche no podía tener miedo, ni sentirse cobarde o tener ganas de correr.

-Ése es el hermano de la cazadora. Se llama Sam –Damon estaba frente a ella, observando al mismo hombre. La chica asintió, maldiciendo mentalmente su mala suerte. Justo a quien no quería ni mirar era la única conexión con la cazadora-. Vivien me dijo que era su mano derecha, por lo que él nos podría contactar con Sally.

Si había notado su reacción al observar a Sam, entonces lo ocultó bastante bien. Bonnie se sintió levemente agradecida por no tener que soportar algún comentario del tipo "nunca vi a una Bennett morirse de miedo".

En sus manos traía un papel. No bastaba ser un genio para saber que la cantinera le había anotado su número telefónico o la dirección de su casa para que el vampiro le diera una visita.

-¿Por qué rompes el papel? –preguntó cuando éste lo estaba transformando en minúsculos cuadrados.

-Es encantadora, pero no es mi tipo.

¿Desde cuándo Damon rechazaba la atención femenina? En especial cuando esa atención iba a otorgarle un follón asegurado.

-¿Por qué? –levantó las cejas, curiosa.

-Demasiado fácil.

-Claro, Vivien no es Elena –dijo casi sin pensar-. Aunque por como hablaba tiene un poco de Katherine, así que ya has tomado ese tren… -a juzgar por su cara, sus palabras no fueron exactamente tomadas con mucho gusto.

A pesar que solían bromear con asuntos importantes, nunca antes habían hecho mención al enamoramiento del vampiro por la ex novia de su hermano y la doble de su propia ex (casi) novia. Desde que supo que Damon y Elena recientemente andaban más cómodos el uno con el otro, no pudo evitar hacer mención al tema. ¿Por qué necesitaban todo el drama de otro triángulo amoroso que ya había ocurrido casi ciento cincuenta años atrás cuando combatían contra el híbrido más poderoso del mundo? Además, todo el rollo de Damon persiguiendo a Elena, Elena confundida, Stefan siendo un psicópata asesino por culpa; la estaba volviendo loca. Bueno, a todos en general; pero seguramente ésta era la primera vez que alguien fuera de los integrantes del triángulo hacía referencia a los eventos recientes.

La chica se quedó en blanco, tratando de encontrar algún modo de cambiar el tema de conversación. No le pediría disculpas. Trabajarían bien juntos y pertenecían al mismo bando, pero eso no quería decir que le tenía simpatía. Todavía no olvidaba que el año anterior casi la mató porque Emily Bennett no le permitió abrir la nefasta tumba donde Katherine y el resto de vampiros estaban confinados a existir.

-Bien, entonces tenemos que hablar con Sam –le dedicó una mirada seria, sintiéndose estúpida por traer el tema a colación cuando necesitaban cambiar de táctica para conseguir la ayuda de la cazadora-. Lo estuve observando y no será fácil. No parece…

Si se tratara de otra persona, él ya la habría estrangulado o usado cualquier otro acto violento a modo de venganza. Sin embargo, Damon simplemente se quedó en silencio y evadió su mirada. No sabía si era debido a cuán importante era la seguridad de la única bruja del grupo o si le tenía miedo porque Bonnie fácilmente podría acabar con él.

Arreglándose el cuello de su chaqueta de cuero, dijo en un tono contenido y monótono:

-Ya que el plan A original fracasó, usaremos uno alternativo. De lo contrario vamos al plan B –hizo un movimiento para indicarle que se quedara en su lugar y él bajó al primer piso.

No tardó mucho en rodear a la masa de gente que bailaba y llegar hasta el lugar donde estaba Sam McFields. El hombre sonreía mientras Damon movía levemente las manos, como si estuviera explicando algo.

La bruja lo miraba fijamente, tratando de adivinar qué estaba tramando. Aún sin la potente música resonando, le sería imposible conseguir escuchar qué hablaban. Los oídos de un hombrelobo o vampiro le vendrían bien en aquel momento.

Después de un rato, Damon volvió a subir. Por la expresión de rabia y frustración en su rostro, claramente las cosas no habían salido como él esperaba.

-Maldito bastardo. Una conversación civilizada de negocios no sirve de nada –murmuró, con los ojos fijos en él-. Plan B. Vamos a bailar.

Rápidamente le tomó la mano y la obligó a seguirlo.

-¿Y cuál es el plan B? –preguntó, mientras bajaban las escaleras.

-Pues, si lo observaste bien sabes que ese tipo es un cretino. Y además de cretino es un cerdo que le encantan las mujeres.

No lo había pensando, pero tenía razón. Además de tener a dos mujeres prácticamente encima de él sus ojos se regocijaban al ver toda persona con dos piernas y una vagina, usando vestimentas que no dejaban nada a la imaginación.

Entrecerró los ojos, fulminando la nuca del vampiro que la guiaba. El hecho que ella fuera una mujer, con un vestido diminuto y ajustado, en medio de toda esa gente no le sentaba nada de bien.

-Oh, no -se detuvo, casi en la mitad de las escaleras. Damon se volteó y la miró con una mezcla de confusión y exasperación-. Sé lo que planeas y no pienso prostituirme.

-Nadie habló de prostitución, Bonnie –rodó los ojos. Escuchar el modo exagerado y petulante que decía su nombre ciertamente no la hacía calmarse. Trató de soltarse, pero él no lo permitió-. Sólo debes llamar su atención. Él vendrá a ti, bailan, le haces creer que quieres hacer algo más que bailar, lo guías hacia la parte trasera del club y yo vengo a rescatarte.

-¿Y quieres llevar al brujo, probablemente más importante del club, en la cajuela de tu carro sin que nadie se dé cuenta? –preguntó, totalmente incrédula. ¡Su plan apestaba!-. Oh, gran plan, Damon. Obviamente no nos pasaría nada… Eso sin contar que jamás iría al callejón de atrás para-

-Estás en personaje –dijo, evidentemente cansado por tener que discutir el nuevo plan-. Eres Bonnie, bruja, de 21 años, estudiante universitaria, que muere por pasarlo bien. No eres tú, bruja, de 17 años, estudiante de último año de secundaria, que muere por ser la persona más aburrida del mundo.

En personaje o no, ella no podría derrotar ni a uno de los brujos presentes. Damon tampoco sería de mucha ayuda; ya que con suerte podría conseguir dejar inconscientes o matar a un par de vampiros u hombreslobo. La combinación de sus habilidades sería inútil si alguien los descubriese secuestrando al hermano de la cazadora más famosa del país.

Enojada por la testarudez de su compañero, la bruja en menos de dos segundos consiguió que Damon se apartara de ella al hacer que su mano se quemara al mantener contacto con su piel.

-¡Mierda, bruja!

-Justamente por esto no me gusta trabajar contigo. No piensas en las consecuencias –dijo en voz baja, ignorando el modo en que el vampiro la miraba como si quisiera matarla-. Debe haber otro modo.

-¿Y qué otra opción tenemos? –inquirió, prácticamente gritando. Se sopló la mano varias veces, observando la lenta recuperación de su quemadura-. Tu silencio lo dice todo. Además, ¿crees que me gusta tener que estar contigo más de cinco minutos? Por favor, bruja. Si quisiera tener un buen compañero de misiones, una estaca sería mucho mejor tú.

-Ándate a la mierda, Damon –dijo, haciéndose escuchar por sobre la música.

-Lo haré cuando tengamos a ese maldito en mi carro, listo para negociar con su hermana –subió un escalón para que sus rostros quedaran frente a frente. Con una mirada intimidante dijo:-. ¿Estás lista para encontrar un modo de seguir viviendo o vas a seguir llorando?

Realmente lo odiaba. No sólo su actitud pedante y extremista, como si la mejor opción siempre fuera la más arriesgada de todas. Pero por sobretodo lo detestaba porque tenía la razón: era el único modo. Al menos, lo era esta noche. Y mientras más rápido lo hicieran, más pronto tendrían a Sally McFields y su extraña piedra milenaria de su lado. Tendrían la ventaja sobre Klaus de una vez por todas.

Algo en su cuerpo debía haber cambiado demostrando su aceptación, porque el vampiro parecía más calmado. Volvió a ofrecerle su mano y ella lentamente la tomó.

-Yo… Uh, esto es necesario –cerró los ojos y volvió a repetir las mismas palabras tres veces más. No había nada más horrible que saber que Damon tenía la razón: meterse en grandes problemas era la mejor opción que tenían-. Bien, bien –apretó la mano del vampiro y abrió los ojos-. Iniciemos el plan B.

Al terminar de bajar las escaleras, Damon le quitó la cerveza de la mano y su pequeña cartera que colgaba en el hombro derecho. Se dirigió a un grupo de personas sentadas en tres sillones rodeando una mesita. Parecía ser un grupo de amigos (brujos), pasando un buen rato. El vampiro les dijo algo y ellos asintieron, haciendo espacio en uno de los sillones, donde Damon dejó la cartera y además su chaqueta de cuero. Dejó la botella de cerveza prácticamente intacta de Bonnie en la mesita, les sonrió a los ocupantes del lugar y volvió a reencontrarse con la bruja:

-Estamos listos –señaló una puerta que estaba en el segundo piso-. Ésa es la salida trasera. Ya sabes qué hacer.

-¿No es peligroso dejar nuestras pertenencias con gente que conocemos?

-Cuando se trata de permitir un momento sensual entre un vampiro y su novia bruja, un grupo de brujos no va a hacer nada para empañar la situación. Es código de brujos, ¿sabes?

Bonnie parpadeó un par de veces antes de negar con la cabeza:

-Todavía no entiendo quién propuso que estuviéramos juntos en esta misión- dijo con resignación.

-No te preocupes, yo también quiero hablar con el idiota por someterme a una noche de tortura a tu lado. Caroline será una molestia, pero al menos no cuestiona todo lo que hago –le sonrió, posando su mano en la parte baja de su espalda-. ¿Lista para bailar, querida bruja?

-Sí, lo que sea –respondió, caminando hacia la pista de baile.

Llegaron hasta el otro lado de la mesa, cerca donde estaba Sam McFields observando a las bailarinas. Damon la rodeó y comenzó a moverse al son de la música. Ella le siguió.

Bonnie no identificó la música. Sus gustos musicales no estaban actualizados, pero nunca había sentido la necesidad de escuchar las bandas, cantantes y DJs que hacían las canciones de moda y que todo el mundo escuchaba. Le bastaba escucharla en fiestas y en la radio para aburrirse de ellas.

Todos sus sentidos estaban puestos en el hermano de la cazadora. Ahora que estaba más cerca, podía sentir su energía rodearla y aturdirla.

Después de dos canciones, Damon bajó la cabeza para susurrarle al oído:

-Relájate.

Él debía haber notado su nerviosismo, ya que su corazón latía demasiado rápido y una vez Caroline le dijo que los humanos (y brujas, ya que en la práctica eran humanos con magia) expedían un olor especial cuando tenían miedo.

Asintió, sabiendo que tenía la razón. Tenía que concentrarse en llamar la atención del brujo, no en lucir como un robot asustado.

Siguieron bailando, esta vez un poco más cerca y Bonnie más concentrada en el baile. En algunas ocasiones daba una vuelta y en otras dejaba que Damon le tomara de la cintura para guiarla.

-Así no entusiasmas ni a un gay, Bonnie –dijo el vampiro luego de un rato. Ella lo fulminó con la mirada-. Para tener éxito, necesitas ser como ellas.

Siguió su mirada y se encontró con un trío de chicas, que se contorneaban al son de la música. Las tres movían exageradamente las caderas, doblaban las rodillas moviendo provocativamente el trasero y se pegaban entre sí, como si bailaran para las otras. Lo cual era exactamente lo contrario, ya que casi todos los hombres, Damon y el brujo incluidos, no podían quitarles los ojos de encima.

-Ésas tres se están convirtiendo en la fantasía de todos los hombres. De seguro todos se las quieren llevar a la cama ahora.

-¿Habría tiempo para llegar a una cama? –preguntó Bonnie, lanzando un bufido. Analizó su expresión y cuando lo vio lamerse poco sutilmente los labios, dijo:-. Eres un pervertido.

Entendía que era genial lucir sensual. Vamos, hombres y mujeres les gustaba comenzar a jugar para sentirse deseados. Incluso ella, la "aburrida bruja", como la llama Damon, quería sentirse así en algunas ocasiones. Pero no comprendía la magia en ofrecerse como cual prostituta. Había un límite y ellas claramente estaban en el segundo lugar. ¿Por qué se ofrecían así? Tener los ojos de los hombres prácticamente desvistiéndolas, sin ningún respeto, y alimentando sus asquerosas fantasías sexuales era denigrante para el género femenino.

Siguieron bailando, pero esta vez el desconcentrado era Damon. No podía dejar de mirar al trío de chicas, especialmente a la morena. Con el pelo negro largo y suelto, alta y un cuello estilizado; se parecía bastante a Elena. No contuvo una mueca de asco. El sólo hecho de pensar que ése degenerado se estaba imaginando a Elena bailando así y luego llenando sus fantasías sexuales… era sumamente perturbador.

El ritmo de la música cambió, y Bonnie comenzó a dar pasos hacia adelante y hacia atrás. Obviamente aprovechó de hundir la punta de sus tacones en sus zapatos.

-Qué agresiva –musitó, volviendo a prestarle atención-. ¿Acaso estás celosa que mire a otras mujeres, querida?

-Celosa, no. Enojada sí cuando estamos aquí por otros motivos que no se acercan a imaginarte una orgía con mujeres que, sorprendentemente, no necesitarían compulsión para estar contigo.

Damon lanzó una gran risa. Le ofreció su mano y cuando la tomó, le dio un rápido giro.

No podía negar que era una buena pareja de baile y hasta disfrutaba que pudieran realizar pasos improvisados, sin siquiera planear quién se movía primero. Pero una fiesta estilo años 70' y un baile sensual en un club nocturno, eran bailes en contextos muy distintos.

Su espalda chocó con su pecho, y se quedaron así un rato.

-Estás celosa porque ellas sí conseguirán que nuestro objetivo quiera conocerlas en privado –suspiró en su oído-. A tu favor tienes que te ves guapísima y que bailas conmigo. Después de nuestra pequeña diferencia en cuanto a qué clientes su hermana toma, estoy seguro que él estará gustoso de robarme a mi pareja cuando ésta me tiene deseando quitarle la ropa ahora mismo. El punto es que tienes que ser un buen premio para lograr que deje a su séquito.

Tenía lógica. Demasiada, de hecho.

-Ya tengo la ropa de zorra, no quiero ser una –sostuvo, sabiendo que si seguía así la que terminaría arruinando la misión sería ella.

-Pero las zorras, como tú les dices, son las que consiguen llevarse a un tipo al callejón de atrás.

-Damon, yo no soy… -giró el cuello, tratando de mirarlo; pero sólo consiguió que su boca se encontrara encima de su ojo izquierdo-. No quiero ni tengo interés en saber cómo serlo.

-Vamos, Bonnie. Necesito que despiertes lujuria, no ganas de volver a nuestras camas a dormir.

Dio un paso y se desenrolló del brazo del vampiro.

-Lo siento por no saber cómo ser una zorra –bromeó con ironía.

-Todas las mujeres saben. Es innato en ellas –dijo con plena convicción. ¿Quién le diría que Damon Salvatore le estaría dando una charla motivacional para canalizar su puta interior?-. Vamos, sólo… -se acercó hasta que sus cuerpos chocaron y le puso una mano en la cadera. Presionó un poco, haciéndola mover la pelvis en movimientos circulares junto a la de él-, relájate y mueve tu cuerpo.

En las fiestas Bonnie bailaba, pero no de esa forma. Ella era la clásica chica que se reunía con sus amigas a hacer bailes idiotas y coreografías grupales divertidas. Así que haciendo esto, sin siquiera mencionar que con Damon, era incómodo y extraño. Esto no podía ser sensual de ningún modo.

Claramente no era sensual, ya que Sam McFields pasó sus ojos sobre ella sin detenerse. Una de dos opciones: simplemente no era de su gusto o realmente se veía como una imbécil.

Negó con la cabeza y alzó la cabeza, buscando el oído del vampiro:

-Me siento estúpida. Esto no está funcionando.

-Ahora entiendo por qué Jeremy prefería estar con el fantasma de su ex que contigo –dijo, con una pequeña sonrisa burlona.

Si no podía amenazarla al puro estilo Damon Salvatore, usaría una frase inteligente para lograr el mismo efecto: vengarse por su comentario sobre Elena y Katherine. Touché.

Ignorando la mirada furiosa que le dirigía, el vampiro puso la otra mano sobre su cadera y la acercó hacia él. Giraron lentamente mientras Bonnie sentía que su cuerpo se le tensaba lenta y dolorosamente. Él obviamente lo notó, puesto que apretó el contacto del mismo modo que había hecho anteriormente con la mano en su espalda en la entrada del club. En este contexto, sin embargo, no logró aplacar para nada su incomodidad.

-Bonnie, sé que esto es difícil de procesar, pero eres atractiva –dijo con lentitud, como si quisiera que sus palabras se le quedaran grabadas. Y lo eran, pero por un motivo diferente: Bonnie se preguntó la posibilidad de haber entrado en un universo alternativo cuando pusieron un pie adentro del local-. Podrías tener a cualquier hombre de aquí arrodillado a tus pies. Así que no te verías estúpida si de verdad lo intentaras.

Se quedaron en silencio casi una canción completa. ¿Acaso debía agradecer su inesperado halago?

Siendo completamente honesta, tal vez podría lograrlo. Y sería mucho más fácil hacerlo si no tuviera que hacerlo bajo estas circunstancias. Estaba segura que estando con sus amigas en un club regular, tratar de jugar a ser sexy sería pan comido. Caroline le daría algunos consejos y sólo bastaría observarla para saber qué hacer. No obstante, estaban en una misión crucial para derrotar a Klaus. O al menos frustrar uno de sus planes maestros. ¿Cómo no podía no estar nerviosa? Su cuerpo estaba preparado para pelear, no para bailar. Y mucho menos para seducir.

Volvió a sentir las manos de Damon sobre sus caderas y suspiró, sabiendo que tenerlo a él como pareja tampoco ayudaba mucho en cambiar la situación. Actuar como una zorra sería cómodo con persona de confianza, no con el vampiro que más odiaba en todo este mundo después de Klaus.

De repente, mientras paseaba los ojos sobre las personas que la rodeaban, tuvo una idea.

-Espera –se movió y él la soltó de inmediato. Bonnie tenía una gran sonrisa que lo descolocó-. Vuelvo en un rato.

Se abrió paso entre las personas de la pista de baile y llegó hasta el grupo de amigos que cuidaban sus pertenencias.

-¿Cómo va todo con tu novio? –preguntó una de las chicas en tono alegre.

A modo de respuesta le ofreció una tímida sonrisa. ¿Por qué rayos había tenido que decirles que eran novios? Ahora tenía diez pares de ojos observándola como si quisieran encontrar alguna evidencia de cuán bien lo estaban pasando. Si tan sólo supieran que no había nada divertido en tener que bailar con Damon (imbécil) Salvatore.

Abrió su cartera y buscó la pequeña bolsita donde guardaba el dinero. Al encontrarla, sacó un billete de veinte dólares y volvió a guardar todo.

Luego caminó hacia la escalera y cuando iba por la mitad de ésta, le lanzó una mirada a la pista de baile. Damon estaba de pie, observándola fijamente.

Sin perder tiempo, Bonnie fue hasta la barra y pidió un vaso de whiskey.

Vivien la reconoció inmediatamente y le dirigió una mirada socarrona. De seguro pensaba que si necesitaba una bebida tan fuerte para poder pasar el rato con Damon, entonces las cosas no iban a terminar bien entre ellos y ella sin lugar a dudas podría calmar los ánimos del vampiro. Si supiera que Damon no tenía ningún interés en ella…

Cuando tomó el billete y dejó el vaso sobre la barra, la bruja bebió su contenido de un solo sorbo.

Esperó un rato, impaciente porque el efecto del alcohol llegara rápido. La idea de emborracharse la tuvo cuando vio a un hombre bebiendo. Lo último que había comido fue un puñado de uvas hacía cuatro horas, así que emborracharse no sería para nada complicado. No sabía cómo a Damon ni a ella no se les había ocurrido antes. ¡Era tan evidente! Sus poderes no eran nada en comparación con la gente del lugar, por lo que no eran necesarios. De ese modo, utilizar el producto más popular en la historia de la humanidad para desinhibir a cualquiera no era algo peligroso.

Cuando se sintió ilógicamente feliz y deseosa por bailar, supo que había surtido efecto.

Mientras bajaba por la escalera, tuvo que cerrar brevemente los ojos. La ola de energía la hacía vibrar de emoción. Se sentía… en éxtasis. Era una sensación tan abismante, pero increíble al mismo tiempo estar entre una enorme cantidad de poder. Nunca antes había querido hacer magia como en aquel instante. Quería contribuir a esa energía, quería ser parte de todos.

Se forzó en recordar el motivo por el que estaba en el lugar y volvió a ponerse en marcha.

-Listo –dijo, al llegar al lado de Damon. Éste arqueó una ceja al notar el cambio en ella. Su aliento debía apestar a alcohol-. Como tú te encargarás de todo, mis poderes no serían absolutamente necesarios. Y hay que conseguir la ayuda de la cazadora sí o sí –explicó, tomándole un brazo-. Ahora sí, bailemos.


Parte II
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